[El Closet de los Estereotipos]

Estoy parada en el piso 10 esperando la llegada del ascensor. Acabo de salir de uno de los tantos apartamentos que tiene mi padre en varias ciudades del país, tras una fuerte confrontación con el susodicho en la cual, según sus propias palabras, acaba de desheredarme y matarme… Lo grito a los cuatro vientos mientras yo salía azotando la puerta: «A partir de hoy ya no eres mi hija, estás muerta para mí». Y creo que esa frase no es nada distinto a que literalmente quiere asesinarme, pero soy su hija y, además, el asesinato es un delito.
Mientras el ascensor baja a la velocidad de la eficiencia de los equipos nuevos, voy secando las lágrimas que ruedan por mis mejillas mientras veo el negro de la pestañina esparcido en el pañito que encontré en mi bolso.
Al llegar al primer piso salí del edificio con destino a cualquier hotel cerca, afortunadamente ya no me pierdo en esta sector, así que tome un taxi y pedí al chofer que me llevara a un hotel que conocí hace diez meses cuando llegue para encargarme de abrir una sucursal de una de las empresas de mi padre, en otro momento de la vida hubiera dicho empresa familiar, pero en estas instancias era mejor desligarme de los bienes familiares; después de bañarme caí en cuenta que todas mis pertenencias se quedaron en el apartamento en el cual me instale una vez llegue a la ciudad, tendré que esperar a que el Andrés Monsalve mi querido padre se marche, si es que lo hace, de momento me quede en ropa interior apague la luz y marque el número de Calixto para preguntarle donde estaba, pero nunca me respondió, así que ordene algo para cenar y una copa de vino, una vez subieron el pedido a la habitación, me senté en pantis y brasier en una hamaca instalada en el balcón, desde el piso 14 donde me hospede aquella noche la vista era maravillosa, mientras cenaba empecé a memorizar con detalles los últimos diez meses de mi vida, tratando de encontrar el punto en el cual mi existencia se convirtió en un enredo que acababa de ser desenmarañado por la afilada tijera del hombre que en pocos años con su increíble don para los negocios y su gran habilidad para convertir basura en una mina de oro me convirtió en la mujer exitosa, admirada y su motivo de orgullo.

Mi historia comienza exactamente el día que debería haber sido un día inolvidable para mí y realmente lo fue, pero no por un final feliz como en los cuentos de hadas, sino más bien porque marcó el comienzo de un sinfín de sucesos que paulatinamente me trajeron a este punto caótico y turbulento de mi cuadriculada existencia que se negaba a cambiar.

Huyendo del Príncipe Azul

Sábado en la noche, en un lujoso club de la ciudad el festejo por mi cumpleaños inicio, los invitados fueron llegando, amigos, conocidos y extraños invitados por mi familia invadieron el lujoso club, me sentía sofocada con tanta gente y ser yo el ser objeto de las miradas y el foco de las cámaras de algunos reporteros que invito mi hermana, estaba nerviosa a pesar de llevar varios años liderando campañas empresariales, reuniones gerenciales y asambleas con inversionistas de la empresa más grade de mi padre, el único que realmente sabia como me sentía era Jorge Mario mi novio desde hacía casi dos años quien conoce bien mi manía de enrollar mi cabello cuando me siento nerviosa, en cierto momento mi novio se me acerco muy cariñoso y caballeroso cómo siempre y para decirme «mi amor, tengo una sorpresa para que dejes los nervios y te sientas en confianza» al momento alguien se acercó por mi espalda y con sus manos tapo mis ojos, por la suavidad de su piel pude deducir que era una mujer, pero no atine en saber quién podría ser, una vez me di por vencida de un salto tenía frente a mí a Laura mi prima a quien no veía desde hacía casi dos años cuando se fue del país a enseñar bellas artes a Francia, eso si después de insultar a casi toda la familia incluido mi respetado padre. Fue toda una alegría tener a alguien que realmente me quería, no por mi posición o dinero, sino por quien soy realmente. Después de cuchichear por ratitos con Laura, llegó la hora de posar para los medios que asistieron, recibir sobres de regalos, recibir besos y felicitaciones de la mayoría de asistentes y soplar las velas, por fin respiré con tranquilidad, en poco tiempo me podría marchar. Pero además de la grata sorpresa de tener de nuevo cerca a mi querida prima, me faltaba una sorpresa que marcaría el inicio de esta historia.

Mientras conversaba con Laura y un par de colegas de la oficina vi pasar a Magdalena mi cuñada quien me miro con un gesto de ternura que no supe a qué se debía en dirección a Jonás un famoso DJ de la ciudad contratado por mi hermana para mezclar en vivo la reunión, unos 20 minutos después la música se detuvo, acto seguido Magdalena le paso, el micrófono del DJ a mi novio y sin tener claro que pasaba Jorge Mario camino en mi dirección y al llegar hasta donde yo estaba miro a mi padre y por medio del micrófono le pegunto ¿don Andrés, puedo pedirle la mano de su hija? Mi padre con una gran sonrisa le grito desde donde estaba «hijo, por mi encantado» cuando Jorge Mario me miro con ojos de amor yo sentí que el mundo me iba a caerme encima, Alejandra Monsalve te amo desde siempre y por siempre a continuación saco una pequeña cajita de su saco y lo abrió, pude ver un hermoso anillo con un diamante que brillaba mientras yo sentía que me iba a desmayar, una vez el anillo estuvo el desnudo este hombre se arrodilló para hacerme la pregunta que puso mi vida al filo del hilo ¿quieres casarte conmigo? Todos me miraban con cara de felicidad mientras aguardaban la feliz respuesta, yo mire fijamente a mi padre quien reflejaba completa felicidad en su rostro.

No acepto, no puedo casarme contigo, Jorge Mario, te quiero, pero… no me puedo casar. Al encontrarme nuevamente con la mirada de mi padre, sus ojos llenos de ira, desconcierto y decepción me produjeron miedo. Salí de allí casi corriendo cuando me di la vuelta para mirar a mi novio o exnovio él estaba parado mirándome alejarme. En una mano sostenía el anillo y en la otra el micrófono; fue lo último que vi cuando me giré para seguir caminando cada vez más rápido hacia la salida del club. Detrás salieron mi madre, mi hermana y mi prima Laura. Cuando por fin llegué a la salida, afuera estaba lloviendo,  las lágrimas que caían de mi rostro se confundían con las gotas de lluvia. Mi hermana Valentina tomó mi mano y me preguntó si estaba bien. Le respondí con señas que sí, y mi madre, al llegar segundos después, me preguntó: ¿Por Dios, hija, estás loca? Acabas de decirle no al hombre perfecto y que además te ama. Pues si es así, entonces cásate tú con él, porque yo no lo haré simplemente, porque a ti y a  mi padre se les ocurrió que es el hombre ideal para mí, ya no soy una niña, ahora déjame en paz. Le di un beso a Valentina y me dirigí al parqueadero. ¿Te acompaño, hermanita? No estoy bien, mejor ve a ver cómo está, papá. Mientras bajaba las escaleras, estaba segura de que acababa de hacer lo correcto, pero sintiendo que era incorrecto.
Al llegar a mi automóvil no lograba abrirlo mis manos temblaban, con suavidad mi prima de quien no me había percatado que seguía a mi lado me quito las llaves, abrió el auto me hizo sentar en el puesto del pasajero, me puso el cinturón de seguridad y sin decir nada acelero, unos minutos después bajo el techo del convertible y condujo mientras el agua caía dentro del vehículo mojándonos, quizás pretendiendo que la lluvia lavara nuestros pecados. Laura conducía a toda velocidad a las 2:00 a. m. por las mojadas calles de Medellín. Éramos en ese momento dos exitosas mujeres tan distantes del éxito amoroso que dábamos pena; irónicamente compartíamos esa desgracia.

Mis Secretos de Juventud

Creí por un momento que te comprometerías con Jorge Mario; casi me muero durante los segundos que pensaste la respuesta. Eran las palabras que me decía Laura mientras se quitaba la ropa mojada, quedando completamente desnuda. Yo no dije nada; me volteé para no verla desnuda mientras me secaba y quitaba mi vestido empapado.
Hoy definitivamente tuve un destello de rebeldía y creo que, por primera vez en mis recién cumplidos treinta y cuatro años, tomé una decisión sin pensar en la aprobación de nadie y quiero seguir haciendo lo que me dé la gana. Laura me miró como si me desconociera.
Laura, no fui capaz de irme contigo para Francia; mucho menos me iba a casar con un hombre que no amo. Y dejando de lado el hecho de que ella se había casado hacía no más de seis meses con una hermosa parisina, terminé de quitarme el vestido y me arrojé a sus brazos, dejándome llevar por el deseo reprimido de no acostarme hacía varios meses a escondidas con alguna amante clandestina. Esa madrugada tuvimos sexo con lujuria, pasión y desenfreno como lo hacíamos en nuestra loca adolescencia cuando nos volábamos a los moteles baratos de Medellín para que ningún conocido nos descubriera y se armara un escándalo titánico en nuestra familia católica, elitista y homofóbica.
A las 10 de la mañana me desperté completamente desnuda. Laura, quien caminaba tranquilamente sin ropa por el apartamento, me llevó a la cama un jugo de naranja que encontró en la nevera vacía de mi primo. Este aún no había llegado.

Laura y yo éramos muy jóvenes cuando nos besamos por primera vez y a partir de ese día fuimos amantes, novias… de todo, pero en secreto.
La promesa de que cuando termináramos nuestras respectivas carreras y pudiéramos vivir sin la fortuna de nuestras familias saldríamos del closet se fue dilatando. Lamentablemente, el valor que le sobraba a Laura me faltaba a mí. Terminamos el bachillerato, luego la universidad, después nos enviaron a Canadá para que realizáramos nuestros respectivos posgrados y a estudiar inglés. Todos esos años estuvimos juntas… En fin, cuando volvimos al país, nuestro amor seguía fuerte. Yo me gradué como administradora financiera y decidí por vocación que quería ser una gran empresaria como mi padre. Por su parte, Laura comenzó a trabajar como maestra de artes en una universidad de prestigio, aunque no tenía experiencia. Las influencias de mi tío Octavio le sirvieron para que se ubicara, y tan pronto llegó con su título al país, ya tenía empleo. Cuando iniciamos a laborar, teníamos el sueño de irnos a vivir juntas a París cuando ganáramos lo suficiente para seguir viviendo la vida de niñas ricas a la que estábamos acostumbradas; además, éramos conscientes de que, declarándonos lesbianas, no nos quedaba otra opción. Cuando empecé a trabajar en el imperio inmobiliario de la familia, me gustó el poder, los negocios y poco a poco la influencia de mi padre y los prejuiciosos familiares y sociales me fueron alejando de la idea de salir del closet. Laura, por el contrario, por su personalidad y el medio en el que trabajaba, se sentía feliz lejos de los prejuicios, así que nuestra relación se fue desmoronando especialmente por mi falta de carácter para afrontar mi preferencia sexual. Laura me propuso matrimonio, pero nunca dije que sí.  Ante mi negativa un día me termino, decidió salir del closet y le contó a medio mundo que era lesbiana armando un caos moral en mi familia y en el ámbito social al que pertenecemos, ante el escándalo que suscito la liberación de Laura yo entre literalmente en pánico, la sola idea de que mi padre se diera cuenta de que me gustaban las chicas me aterraba, por eso Laura se alejó de mí, pero me prometió nunca contarle a nadie que habíamos estado juntas y así lo cumplió, llore mucho cuando terminamos y fue peor cuando sé en novio con una periodista con quien que se veía muy feliz en las redes sociales, el día que la ví con esa chica sentí que había perdido al amor de mi vida, pero no hice nada, no luche, no la busque… solo me quede llorando.

Hace alrededor de dos años terminó con la novia periodista, renunció a su trabajo en la universidad y, argumentando que se había cansado de vivir en un país con doble moral, empacó su maleta y se marchó para Francia. Unos días antes de marcharse, me buscó en el trabajo para decirme que yo era el amor de su vida. Me propuso matrimonio y me pidió marcharnos juntas y, aunque hacía meses habíamos terminado, aún sentía que la amaba y no quería volver a perderla, así que acepté casarnos y por fin irnos juntas a Europa, a los tres días cuando llegamos al aeropuerto ambas con las maletas en mano nunca me subí al avión. Esa fue la gota que derramo la copa de Laura fue el final de todo y creo que bajo la influencia del despecho y tratando meterme en la cabeza que era heterosexual, acepte ser la novia de Jorge Mario unos meses despues, cuando Laura se enteró porque mi hermano inocentemente le contó, me dejo de hablar por más de un año, solo cuando se casó volvimos a tener contacto.
El día de su matrimonio la llamé para decirle que la amaba, que no quería que se casara. Estaba decidida a irme ese mismo día para Francia y evitar que se casara, pero al escuchar su voz, colgué. Esa es mi triste e interminable historia con mi prima Laura.

Después de vernos a escondidas durante su estadía en Colombia y pasar noches desenfrenas de sexo alcahueteadas por el primo Carlos quien siempre nos hizo el cuarto cuando eramos dos adolescentes enamoradas, el fin de semana la deje en el aeropuerto, no sé por qué cuando el avión despego me sentí muy triste y esta tristeza me hizo reflexionar muy seriamente de que quizás nunca me he enamorado y cuestione el porqué no me  case con ninguna de las dos personas que más me han amado, también sentí que al romper el corazón de ambos sumaba karmas a mi ya incomprensible vida.

Después del fiasco de mi cumpleaños, le dije a mi padre que me haría cargo de abrir la nueva sede en Cali. No le hizo gracia, pero aceptó; creo que entendió que quería estar lejos de todos.

El lunes al mediodía tomé un vuelo con destino a Santiago de Cali, pero antes me reuní con mi padre para dar una última revisión al plan de trabajo y estrategias acordadas para ese importante proyecto que estaba completamente bajo mi cargo y gestión e hice entrega formal de mi cargo a Jorge Mario, quien me reemplazaría durante los aproximadamente ocho meses que estaría por fuera de la ciudad.

Jorge Mario es administrador financiero nos presentó hace tres años Magdalena Rincón su hermana mayor empresaria a quien conocí en una convención en el exterior en ese tiempo aún estaba con Laura a quien nunca le cayó bien él, a pesar de eso nos hicimos buenos amigos y como les cuente, después nos hicimos novios y lo demás es historia, Jorge Mario siempre le cayó muy bien a mi padre quien muchas veces me aconsejo casarme y tener hijos joven con él, en repetidas ocasiones me señalo, Mario es apuesto, de buena familiar, profesional, inteligente, harían un dúo profesional excepcional y como si fuera poco se ve que te adora, para mi familia era el hombre perfecto para mí, lo que mi familia no sabía era que yo no era la mujer adecuada para él, para empezar nunca le conte que me gustaban las chicas y mucho menos le confesé que casi que acepte ser su novia por despecho después de también romperle el corazón a mi prima. Definitivamente, le hice un favor rechazando su propuesta de matrimonio.

A veces me molestaba que mi padre lo quisiera tanto, me parecía que lo quería como el hijo hombre mayor que hubiera querido que fuese su sucesor, creo que pensando en que en algún momento sería un miembro más de la familia 15 días antes de la propuesta de matrimonio, mi padre le ofreció un alto cargo en la más grande de sus empresas en la cual también trabajaba yo. Después de entregarle mi cargo temporalmente a Jorge Mario, le pedía el favor que enviar mi automóvil a Santiago de Cali. No quería andar en taxi en una ciudad donde estaría más de medio año. Cuando iba a salir de su oficina, se paró abruptamente y se me atravesó en el camino, tomándome de la mano. me increpo «Alejandra» ¿no me dirás por qué me dejaste con el anillo en la mano, que me falto para ser el hombre perfecto para ti? No lo entenderías, el problema, aquí soy yo, tú eres perfecto, pero no para una mujer como yo. Cuando quiso continuar la conversación, quite su mano y lo abrace. Lo siento, Jorge Mario, no quise lastimarte. Yo soy… soy un error, un gran error en tu vida. Las lágrimas se me escaparon, no sé si de remordimiento, de impotencia al tener la oportunidad de decirle la verdad o por no ser capaz de sentir lo que él sentía por mí. Cuando salí limpiando mis lágrimas, mi padre nos miraba desde la puerta de su oficina, quizás esperando que los minutos que estuvimos conversando cambiaran lo irremediable para mí. Lo miré desde la puerta de la oficina de mi ahora exnovio y ni por qué me vio llorando, pudo poner en primer lugar que era yo su hija y que quizás necesitaba un abrazo, no del gran empreario, si no de mi padre. una vez mas estaba culpandolo de mi infelicidad.

Mi madre y mi hermana me acompañaron al aeropuerto, mis tres estrategas viajaron conmigo ese día, Joaquín Castillo, abogado comercial, Lorena Mejía especialista en recursos humanos y logística y Fernanda Ortiz, la administradora inmobiliaria asignada para esta ciudad, había escogido a los mejores y con ellos enfrentaría el desafiante reto completamente a mi cargo, ya en el aire sentí susto, estaba sola en todos los sentidos especialmente en el campo emocional, pero extrañamente me sentía libre, porque no tendría la presión y exigencia directa de mi padre y no tendría que casarme con nadie; un aire de libertad reconfortaba mi alma que se sentía mas en calma.

Abrazando Lo desconocido

A los dos meses radicados en Santiago de Cali, trabajábamos a toda marcha en la adquisición de apartamentos, oficinas, locales comerciales y apartaestudios. Joaquín trabajaba en el cumplimiento de la parte jurídica y legal. Lorena avanzaba en la contratación del equipo humano requerido y Fernanda, quien tenía a cargo los trámites administrativos y apoyo logístico, trabajaba muy concentrada… en fin, cada quien en lo suyo.

Yo, la exitosa desarrolladora inmobiliaria del imperio de Andrés Monsalve, en Cali, me encargaba de la compra de inmuebles, gestión presupuestal y desarrollo general del proyecto. Sabía que podía con el recto y aprovechaba para estar alejada de todo lo que no tuviera que ver con este proyecto. Ya estaban terminando de acondicionar la sede principal. Contaba con eficientes y bonitas oficinas, característica principal de nuestras agencias inmobiliarias en el país. Cada uno de los cuatro profesionales que habíamos viajado para estar en este proyecto éramos los primeros habitantes de los apartamentos y apartaestudios en los diferentes edificios y condominios con el fin de asegurarnos de que todo funcionara bien en los inmuebles antes de rentar dichos espacios.

Yo estaba alojada en un conjunto de apartamentos que habíamos adquirido para rentar en un sector exclusivo al norte de esta ciudad; tenía una linda vista y estaba muy cerca de los bares, restaurantes y discotecas, tenía bastante en que distraerme. A pesar de la alta carga de trabajo, me sentía muy tranquila; incluso ingresé al gimnasio y, animada por la increíble forma de bailar de los caleños, decidí averiguar dónde aprender a bailar salsa. Quería disfrutar y conocer esta inquietante y fascinante ciudad.

Cierta mañana llegué muy temprano a las oficinas; tenía una reunión a las 10.00 am con el alcalde de la ciudad, quien era muy conocido de mi padre, y a primera hora Lorena me presentaría a los tres candidatos que tenía seleccionados para ser nuestro contratista de mantenimiento locativo de los inmuebles en renta, venta y posventas. Esta era una de las contrataciones más significativas que debíamos realizar, pues como recomendación de mi padre, este contratista era un punto importante para poder brindar a los inquilinos y compradores una atención eficiente y rápida para poder lograr la completa satisfacción de nuestros clientes, características que nos posicionaban como una de las mejores empresas de este gremio a nivel nacional.

Ese día me levanté pensando en Laura. Por un instante me distraje recordando la semana que pasamos juntas antes de que se marchara. Por decirlo de alguna manera, sentía cargo de conciencia; había sido su amante y además la había seducido, era la responsable de que hubiese sido infiel a su esposa. Pensaba a planas 7:00 am que, quizás por todo lo sucedido con ella y con mi exnovio, casi que al tiempo seguramente ya sumaba dos karmas en tiempo récord, sin contar que mi padre estaba diseccionado completamente de mí, y eso que no sabía lo de Laura.

Rompiendo Esquemas

Esa mañana, sentada en mi escritorio, me sentía meditabunda, pero el estridente ruido de un motor me asustó, trayéndome de vuelta a la tierra. Me paré para mirar por la ventana, que era ese ensordecedor ruido. Mmm, era una motocicleta grande y muy bonita; aunque no me gustan los vehículos de 2 ruedas, su conductor la parqueó frente a la oficina, la apagó, se bajó, miró la hora en su reloj y se recostó sobre la misma. No sé exactamente qué atrajo más mi atención: si el fuerte ruido que hacía del motor, el traje completamente negro que no dejaba a la vista un solo centímetro de piel o el cuerpo del conductor, porque se veía muy alto para ser una mujer, pero muy curvilíneo para ser un hombre. En ese momento recibí una llamada del alcalde, reprogramando su visita para las 11:00 a. m.; según él, había tenido un contratiempo y no alcanzaría a llegar. Odio la falta de puntualidad, pero muy amable, le dije que no habría problema. Tenía temas estratégicos que hablar con este señor. Cuando terminé la llamada y me dirigía nuevamente a mi escritorio, al pasar por la ventana, me frené al ver que el conductor de la motocicleta no era un hombre, sino una mujer. Justo en ese momento ponía el casco sobre la dirección y acomodaba su cabello con las manos. Ese día recordé a Andrea Morales, una excompañera abiertamente lesbiana que tuve en la universidad y que me gustaba mucho. Según decían, era hija de un capo de los duros de Medellín. Ella llamaba mucho la atención porque conducía una Harley-Davidson, vestía de negro, era medio andrógina y tanto los hombres como las mujeres del grupo opinábamos que Andrea era muy sexy. La mujer frente a la oficina se veía igual que ella, sexy y atractiva. ¿Quién sería aquella ella? Otra llamada importante que tuve que atender me devolvió nuevamente al trabajo. De ahí en adelante me dediqué a trabajar sin más distracciones.
Unos 15 minutos después ingresó a mi oficina Lorena para informar que ya estaban en la sala de juntas los tres contratistas que para ella eran los mejores candidatos para contratar. Me preguntó si había podido revisar las carpetas de cada uno; con toda la pena del mundo le dije que no, que me había ocupado con otras cosas, pero le dije que como siempre confiaba en su criterio. Oh, qué bien, porque yo ya tengo mi elección, pero me pediste que los citara hoy para conocerlos.  Ok, señorita Lorena, vamos a conocer a tus contratistas. Me llevé mi agenda como de costumbre cuando hago entrevista a este tipo de contratista. Con bolígrafo en mano, ingresé con Lorena a la sala de juntas; al pasar, estaban conversando los tres. Buen día, saludo, Lorena. Les presento a nuestra gestora inmobiliaria. Después de saludarlos, me senté, hice un breve resumen de lo que requeríamos y esperábamos del contratista que se ganara el contrato… Diez minutos después estaba de vuelta en mi oficina, dedicada a mis deberes y esperando que llegara mi desayuno.

Al mediodía, cuando terminé mi reunión con el alcalde, Lorena entró a mi oficina antes de salir a almorzar. Hola, Alejandra, dime lo que escribiste de cada contratista. Quiero ver si coincidimos.
Lorena y yo llevábamos tres años trabajando juntas; sabe que escribo, al igual que ella, notas de cada candidato con la primera impresión que me ha causado. Saqué mi agenda y le dije: Del señor Evaristo escribí que es cascarrabias e impaciente, del señor Marino escribí que me inspiró eficiencia y compromiso, y de Calixto no sé, no escribí nada; la verdad debe ser porque nunca había tenido una mujer para este tipo de trabajos. ¿Eso quiere decir que no te gusta una mujer para este cargo? Te aseguro que ella tiene la mejor trayectoria; según lo que me dijeron los ingenieros con los que ha ejecutado proyectos, tiene un grupo grande de personal a su mando, también ha realizado proyectos medianos en esta ciudad y, para rematar, es linda. Este último apunte la hizo sonrojándose. Ja, ja, ja, no pude evitar reír, o sea, que quedaste enamorada. La verdad, así respondió Lorena, pues me dejas muy preocupada porque si te enamoraste en tan pocos días, no puedo confiar en tu buen juicio. Lorena sonrió. Por favor, revisa su carpeta y me das tu opinión; sí, señora, lo haré, le dije en modo burlón.
A las 4:00 pm salí de la oficina, llegué al apartamento, me cambié, fui para el gimnasio, cené algo ligero, llegué a ducharme y a descansar, trabajé un rato en la laptop y, al tomar mi agenda para anotar la hora de una reunión importante, vi las notas que tomé de los tres contratistas. Me dio risa cuando leí CALIXTO: «MUY SEXI». ¿En verdad yo había escrito eso? Arranqué la hoja y la tiré a la caneca de la basura, tomé la carpeta y empecé a leer. Realmente me impresionó ver la experiencia y proyectos ejecutados por esta mujer en un gremio como la construcción, particularmente dominado por hombres. Al final también estaba anexa su hoja de vida y pude ver que tenía 33 años, nivel tecnológico de educación, soltera, sin hijos y con un montón de cursos de construcción. Realmente me inspiró, me daba la impresión de que esta mujer era parecida a mí; lo que tenía se lo había ganado a pulso. El siguiente día no pasé a la oficina; estuve todo el día por fuera dedicada a atender reuniones con inversionistas, visita a proyectos, en fin… un pesado día.

Finalmente, Lorena contrato a Calixto como la contratista de mantenimiento de planta de la inmobiliaria y paulatinamente iba contratando más personal, Fernanda realizaba recorridos y supervisión de los trabajos de remodelación y acondicionamiento de los inmuebles, los meses pasaban y el proyecto avanzaba a buen ritmo, constantemente recibía llamas de mi padre quien siempre quería estar al tanto de todo, pero hablábamos estrictamente de temas del proyecto, no viaje a Medellín para su cumpleaños argumentando demasiado trabajo, pero todos entendieron que no quise asistir, era toda una novedad en mí, siempre fui obediente y muy fiel a mi padre, pero que me hubiera dejado de hablar porque no me case con Jorge Mario
Me tenía muy sentida. Por eso no viajé a felicitarlo, ni a celebrar con él; sabía que le dolería mi indiferencia, así como a mí me lastimaba la suya. Realmente, la relación con mi padre pasaba por una crisis. Creo que la única que recordaba.

Los fines de semana, los 4 mosqueteros, como nos bautizó Joaquín, salimos a cenar y bailar. Ya llevábamos cuatro meses lejos de nuestras casas, pero la verdad, todos nos sentíamos superbién. Salíamos a conocer los sitios turísticos y relevantes de esta bella ciudad.  Mis tres mosqueteros me decían que desde que nos habíamos cambiado de ciudad, yo había cambiado mucho. Según ellos, ahora era una mujer más sonriente, más tranquila, conversadora y mejor jefa.  En tan poco tiempo, yaJoaquín salía con una chica mesera. Fernanda, aunque lo negaba, tenía su rollo con un publicista que nos estaba realizando la campaña publicitaria y Lorena seguía hechizada con su contratista favorita. Yo le tomaba el pelo con su amor platónico porque no se atrevía a decirle nada. Y yo no me quedaba atrás porque tampoco salía con nadie. Lorena y yo éramos las desparchadas del grupo.

Accidentes Muy Convenientes

Domingo de descanso: mientras me bañaba, un tubo de la ducha inexplicablemente se rompió; el agua salía por chorros. Llamé a uno de los encargados de mantenimiento, pero jamás contestó, así que llamé directamente a Calixto a las 9.00 am para contarle lo que pasaba. 15 minutos después, un trabajador llegó a cubrir la emergencia y ella llegó unos minutos después. Mi apartamento estaba lleno de papelería y cosas de la oficina que no se podían mojar, así que hizo llegar 3 trabajadores más para ayudar a desalojar parcialmente el apartamento, pues según indicaron, se debía realizar una reparación grande. Casi a las 11.00 am pudieron secar y parcialmente atender la emergencia. Me dejaron provisionalmente instalada en otro apartamento amoblado y quedó todo programado para que el lunes pudieran revisar y corregir el daño en las tuberías. Afortunadamente, de los 8 apartamentos que tenía ese complejo de apartamentos, solo estaban ocupados donde yo vivía y otro que estaba rentado. Con todo el bullicio e ir y venir de los trabajadores, no me había percatado de que Calixto andaba en ropa deportiva y me sorprendía ver su espectacular cuerpo, especialmente su derrier y caderas, aunque mi sorpresa era absurda; es normal que las mujeres morenas tengan cuerpos espectaculares.
Una vez terminaron con la emergencia, Calixto me preguntó: «Dra. Alejandra, ¿va a almorzar?» Yo respondí: «Hoy tenía planeado salir con los chicos de la oficina a almorzar, pero ya los llamé a decirles que no iba a ir por la emergencia en la ducha. ¿La invito a comer? ¿Ha probado nuestro espectacular sancocho de gallina? No conteste, pues soy una excelente anfitriona y la voy a invitar a un lugar que le gustará. No tengo automóvil o, mejor dicho, sí tengo, pero cuando iban a mandarme el automóvil, me dijeron que debía realizarle mantenimiento y olvidé ese detalle. Por eso debe ser que ayer no encendió y me tocó transportarme en taxi. Además, no conozco dónde gestionar dicho mantenimiento. —Pues no hay problema, Dra. Alejandra. Vamos en moto, le dije: «Calixto, nunca he montado en una, me dan mucho miedo». ¿No confía en mí? La salvé de morir ahogada y no confiaría en mí como conductora; cargo otro casco adicional, vamos, y con todo y temor terminé subida en su gigante motocicleta. Ese día probé sancocho de gallina en Jamundí, un municipio cercano al sur de Cali donde, además de sancocho, probé el cholado, una ensalada de frutas típica del departamento del Valle del Cauca que me fascinó y me volví fanática, especialmente cuando el aire acondicionado no da abasto. También comprobé que aquella mujer me hacía sentir extraña y en confianza. Me dejó en el apartamento a las 7:00 pm; quedó de ayudarme para que me revisaran el auto y así fue. Me llamó muy temprano para que esperara al mecánico. Después de una revisión, la grúa se lo llevó y, minutos después, me llamó: «Dra. Alejandra, estoy afuera, tengo una reunión con Fernanda; si desea, la llevo. Llegué a la oficina en motocicleta; por la cara que todos pusieron, se sorprendieron.
Con Lorena era con quien más confianza tenía, quizás porque es lesbiana o simplemente porque vive su vida sin importarle lo que el mundo opine sobre su sexualidad. En ocasiones reflexionaba en que, si fuese un poco como Lorena, hubiera tenido el valor de enfrentar a mi padre; me hubiese ido para Francia, tal vez estaría felizmente casada con Laura y sería feliz. Cada vez que pensaba en mujeres como ellas, sentía que tenía todo menos amor.

En cuanto a Calixto, no lograba identificar si era su color de piel, su porte medio masculino, su estilo rebelde salvaje o simplemente que estar a su lado liberaba a la lesbiana reprimida que llevaba por dentro. A veces simplemente no podía evitar mirarla; en ciertos momentos quería llamarla y decirle que fuera mi anfitriona para seguir conociendo la ciudad, pero la hija ejemplar que mi padre inculcó en mí me ganaba la partida, me odiaba por eso. Pero, en contra de todos los pronósticos, cuando Calixto me invitaba a algún lugar, casi siempre aceptaba y viajaba montada en su motocicleta, agarrada de su cintura para no morir de susto.

Un sábado escuché a Joaquín decir que por fin Laura había invitado a Calixto y ella había aceptado. El próximo sábado saldrán a una discoteca gay con otras amigas de Calixto. Le pregunté si él y Fernanda también irían. No nos invitaron, dijo Fernanda, creo que Lorena va de cacería. Esa noche, después de salir del gimnasio, me sentía intranquila y me causaba molestia imaginar a Laura y Calixto bailando y ni imaginar algo más.

Se me había vuelto costumbre, cuando nos encontrábamos en los recorridos de visita a las remodelaciones o acondicionamiento de los inmuebles, almorzar con Calixto. Alguna vez, mientras almorzábamos, me contó que había visto una entrevista muy interesante de mi padre y que también había visto muchas entrevistas en el noticiero. Definitivamente, «tu papá es un crack». Yo le contesté: «Y no te equivocas, mi padre es el mejor». ¿Qué se siente ser su hija? «Es un peso muy grande».
Pero tú eres mejor que él. ¿Qué dices? Sí, el alumno siempre supera al maestro; además, tu equipo de trabajo dice que eres mejor, porque además de ser muy buena persona, eres humana y noble. Ellos te admiran y además te quieren. Ese día me di cuenta de que Calixto era una mujer mucho más inteligente de lo que aparentaba; me respetaba no solo por ser yo la jefa, sino por ser la hija de quien era. Me quedó claro que jamás se acercaría a mí; quizás por eso me gustaba tanto, porque no me demostraba un ápice de interés.
El sábado siguiente fuimos con Joaquín y Fernanda a cine al centro comercial Chipichape uno de los centros comerciales más representativos de la ciudad la idea era disfrutar de la gastronomía y según nos había recomendado Calixto en este lugar encontraríamos de todo sin tener que movernos a ningún otro lugar, así que entramos a uno de tantos restaurantes para probar exquisiteces de la región, cuando estabamos disfrutando de las entradas que habiamos ordenado, de repente Joaquín pego un grito, habia visto a Lorena quien iba pasando por casualidad con Calixto y tres chicas que iban con ellas, Joaquín se paró y salió a saludarlas, Fernanda y yo nos quedamos sentadas, Calixto y las otras chicas ingresaron, Laura nos presentó y se sentaron en nuestra mesa, terminamos cenando y departiendo muy amenamente mientras las caleñas nos hablaban de costumbres y curiosidades de  la región. Horas después salimos del restaurante y, entre charla y charla, Laura directamente me preguntó si entraría con ellas a un bar gay. Todos se quedaron callados esperando mi respuesta. Sí, claro, ya he estado en lugares de estos en Medellín. ¿En serio? Me preguntó Joaquín, y yo respondí que sí; obviamente, mi padre no lo sabe. Mmm, Fernanda comentó: «Si don Andrés te ve por allá, te mata». Por otro lado, Laura, en tono burlón, dijo: «Este será nuestro secreto porque, si el doctor Andrés se entera de que te lleve por allá, te deshereda y a mí me echa por corrupta». Todos reímos al unísono.

Ya en el parqueadero del centro comercial nos acomodamos como pudimos en mi auto al cual tuvimos que bajarle el techo para poder acomodarnos los ocho unos sobre los otros con rumbo al barrio Granada al norte de Cali, según nos indicaron las chicas esta zona es reconocida a nivel nacional e internacionalmente como destino turístico y gastronómico, comercial y nocturno, nosotros siendo foráneos estábamos felices porque al fin podríamos bailar en una zona repleta de bailaderos muy reconocidos a las 11.00 pm llegamos a una discoteca gay espectacular, baile con Laura aunque en principio se sentía intimidada, después simplemente se desinhibió y bailábamos hasta cumbia, las amigas de Calixto al no saber quién era yo simplemente me sacaban a bailar y yo baila tratando de no sentirme insegura bailando salsa con estas chicas que como la mayoría de caleños llevan la rumba en las venas, cuando baile con Calixto pude notar que era más alta que yo, también note que además de gustarnos a Lorena y a mí, esta mujer le gustaba a muchas mujeres, la miraban bastante, ella tiene algo que atrae a las mujeres lesbianas femeninas y bailando música bachata con ella comprobé lo que no quería saber, que esta mujer aparte de gustarme tantisimo me hacía sentir muchas cosas, mientras bailábamos sentí electricidad cuando su entrepierna rosada con la mía al bailar, sentí tentación de pegarme mas a su cuerpo, sentía ganas de besarla mientras bailábamos aquel ritmo tan sensual, me desconocía en absoluto, ella  manifestaba demasiado respeto conmigo de seguro por ser su jefa sumado a mi timidez natural.

A las 3.00 am la discoteca encendió las luces y todos fuimos saliendo. Esa noche terminamos durmiendo en el condominio donde yo vivía. Había apartamentos amoblados, vacíos. Calixto y sus amigas durmieron en uno de los apartamentos y los 4 mosqueros dormimos en el mío. El domingo, cuando las amigas de Calixto se marcharon, los cinco nos fuimos a pasar el día al río Pance, un corregimiento en el sur de la ciudad conocido como la «ciudad de las aguas». Me pareció hermosa la combinaciónde los paisajes espectaculares y la belleza del río. Ese día la pasamos superbién. De regreso, dejé a mis tres mosqueteros en sus respectivos apartamentos, pero a Calixto la dejé en el sur de Cali porque no quiso que entrara en mi automóvil al barrio donde ella vivía; le dio miedo que tuviera que salir sola. Así terminó aquel fin de semana improvisado, pero estupendo y muy revelador para mí.

Así, pasaban los días e íbamos llegando a los cinco meses del proyecto. La fecha de inauguración estaba fijada para dentro de tres meses; sería en la terraza de un lujoso hotel al sur de la ciudad y estaría el alcalde, quien me había dado la mano en temas de logística y relaciones comerciales con empresarios de esta región del país; mi padre, mi madre, mis hermanos y Jorge Mario llegarían una semana antes de la inauguración para conocer los inmuebles antes de aperturar la nueva sede inmobiliaria.

Meses antes de la inauguración salimos de recorrido y visita con Fernanda a los inmuebles que debían de estar listos para la inauguración. Cuando llegamos al último complejo de apartamentos, nos encontramos con la contratista Calixto, como le decía Fernanda; no sabíamos que estaba allí. Calixto tenía puestos unos jeans y una camisilla blanca que dejaba ver sus tonificados brazos; me gustaba verla así. Cuando terminamos el recorrido y estábamos de salida, los trabajadores sacaron varias bolsas y le dijeron: «Ya está todo listo para que llame al taxi». Por curiosidad, pregunté qué guardaban en las bolsas; me respondieron que era donación de ropa que Calixto recolectaba para los niños del Distrito de Agua Blanca, un sector marginal de la ciudad muy conocido a nivel nacional. «¿Y de dónde recogen la ropa? Pregunte, la jefa la compra y la lleva cada mes. Estaba realmente conmovida, tanto que me ofrecí a llevarlos, pero uno de los trabajadores me advirtió: «En ese carro que usted anda no es bueno entrar por allá». Jefa Calixto, dice la Dra. que quiere colaborar con la llevada de la ropa al distrito. ¿En serio, Dra. Alejandra? Qué bonito gesto, aunque esos lugares no son para la gente como usted. «Si no me roban el auto, los llevo». Calixto sonrió y dijo: «Si va con nosotros, no pasa nada». De ida al distrito, dejé a Fernanda en la oficina y yo me fui para el Oriente de la ciudad con Calixto y sus chicos. En la tarde, cuando salí de ese sector tan marginado y pobre, me sentía diferente, conmovida, golpeada emocionalmente; me sentía mala al saber que existían demasiadas personas con tanta necesidad y existíamos otros que teníamos más de la cuenta. Esta vez Calixto andaba sin motocicleta; la había dejado en el complejo de apartamentos, así que ese día era mi pasajera. Recuerdo que me dijo que nunca se había subido en una nave de estas. Yo sonreí. Me aclaró que, por lo lujoso y costoso, le dicen naves a los carros costosos.
Recuerdo que le dije: «Ahora yo soy la conductora elegida». Ese día conocí la hermosa iglesia de San Antonio; según me contó la anfitriona, uno de los lugares más emblemáticos y visitados de la ciudad de Cali. Esta mujer, además de ser una inspiración en el campo laboral, también era culta, bondadosa, generosa. Entre más la conocía, más me impactaba. ¿Debes recoger tu moto? Le pregunté. Pues yo preferiría recogerla. Bien, yo te llevo para que no te quedes sin transporte. Bueno, siendo así, no hay afán por irnos. Compramos dos cervezas y nos sentamos en la hierba. ¿Cómo es que eres tan generosa? He visto que eres buena jefa y tienes sentido social. ¿Cómo lo haces? Es que yo nací en el distrito, era pobre, anduve descalza y muchas veces, junto a mis hermanos, no teníamos para comer. La única opción que tenía era aprender a hacer algo que me permitiera ganar dinero, pero honradamente. Así que aproveché la oportunidad de trabajar con un constructor que me enseñó el oficio; después tuve la oportunidad de terminar el bachillerato y estudiar un poco más y el resto es historia.

Definitivamente, tú eres única; necesitamos más seres como tú en este mundo. No, no se necesitan más como yo, se necesitan más como tú. ¿Cómo yo? Y con unas pocas palabras me conmovió el alma. «Dra. Alejandra, son las personas que tienen los medios que tienes tú, los que realmente pueden hacer algo por los que no tienen nada». Ese día realmente supe lo que era tener al lado a alguien que estaba a otro nivel. Ese día en especial me sentía conmovida, impactada y medio… no sabía definir lo que sentía.

Rompiendo Esquemas

Cuando llegamos al conjunto donde había dejado su moto, Calixto se bajo y con su cálida sonrisa se despidió, camino hasta la puerta, una vez la vigilancia le abrió, parada en la puerta se despidió nuevamente con la mano, yo me quede ahí sentada en mi auto pensando sin pensar y sintiendo ese vacío que me llenaba la vida de infelicidad, cerré el techo del auto, tome el juego de llaves que cargo de todos los proyectos a mi cargo, tal como me lo enseño mi padre, me baje del carro y pedí que me abrieran, cuando ingrese ella ya tenía el casco puesto «Calixto» le grite, cuando se volteó, le pedí que se quitara el casco, ¿pasa algo Dra. Alejandra? Si, si pasa, me miro con cara de preocupación, escucha nunca le he dicho esto a nadie en mis 34 años de vida, no sé cómo se dice, pero intentaré decirlo «Te amo» es algo que siento desde que te escucho hablar, actuar, pensar, respirar y hoy no quiero guardármelo más, ella me miraba en silencio, la tome de la mano sin soltarla mientras caminábamos, abrí uno de los apartamentos y una vez cerré la puerta le dije «me muero de ganas por hacerte el amor desde el primer día que te vi parada frente a la oficina» me miro sorprendida, pero no se negó y si lo hubiera hecho no me hubiera importado estaba más que decidida de que haría el amor con ella ese día, mi vientre ardía de deseo solo con besar sus gruesos y calientes labios, mientras nos besábamos la fui llevando hasta la lujosa alcoba, la tumbe en la cama quite su chaqueta y cada prenda que tenía puesta, recorrí cada rincón de su piel morena, la bese sin poder parar, pase de hacerle el amor con dulzura a volverme la más lujuriosa de las amantes, recorrer su cuerpo firme y fuerte, morder sus senos, besar su enorme terrier verla estremecerse al ritmo del movimiento de mis dedos era una completa locura, cuando me domino poniendose sobre mi cuerpo pude sentir su sexo sobre el mio, hicimos el amor durante horas y por primera vez escuche de sus labios que me deseaba y habia querido besarme muchas beses, al compás del deseo teníamos un orgasmo tras otro, tras otro…

Una semana previa a la inauguración, mi familia llegó a la ciudad; se hospedaron en el penthouse de uno de los edificios más caros que teníamos para rentar. Dos días de recorridos, visitas, almuerzo con su amigo alcalde y otras personalidades, entrevista en el canal regional y varias emisoras ocuparon la apretada agenda de mi don Andrés Monsalve, el gurú de la vivienda, como se le conocía. En fin… todo estaba consumado; recibí felicitaciones de mi padre, un abrazo y un «sabía que no me decepcionarías en los negocios». Sabía para dónde iba el comentario, así que le devolvía el agravio: «Este es mi campo y en esto no fallo, padre». Además, recuerda que algún día seré mejor que tú; el buen alumno termina superando al maestro. Mi madre y mis hermanos me miraron un tanto sorprendidos, pero mi padre aceptó con la cabeza, diciendo: «Y así es como debe ser».
Mi padre visitó las oficinas y felicitó personalmente a Joaquín, Fernanda y Lorena. «Les quiero agradecer por el apoyo brindado a la Dra. Alejandra y nos felicitó a los 4 por el excelente trabajo». En la tarde le dijo a Fernanda: «Quiero conocer al contratista de mantenimiento; dile, por favor, que pase a la sala de juntas. Quiero conocerlo personalmente; hizo un excelente trabajo». Todos nos quedamos mirando; nunca habíamos tenido una mujer en ese puesto. Fernanda acompañó a mi padre para enseñarle la sala de juntas mientras esperaban que entrara el contratista.
Yo pasé a la sala de espera, me acerqué a Calixto y le pregunté: «¿Estás lista para conocer a tu ídolo de los negocios?» Por supuesto, bueno, hoy es tu día de suerte. Míralo a los ojos mientras conversan y no hables de más. «Te amo», le dije. Ella me guiñó el ojo y siguió bastante nerviosa. Estaba vestida con pantalón serio negro y camisa de manga larga blanca; se veía hermosa. No fui capaz de decirle que a mi padre no le gustan las mujeres con apariencia masculina, pero Calixto lo lleva en la sangre, así que decirle eso sería ofenderla, así que lo omití y dejé que ella fuera como es.
Cuando ella entró a la sala de juntas, ya Fernanda le había pasado el portafolio y currículo a mi padre. Era su política tener una reunión de 10 o 15 minutos con el encargado de mantenimiento; era un colaborador fundamental y de su excelencia dependía la satisfacción de nuestro cliente.
Me sentía nerviosa; habían pasado 25 minutos y mi padre, Fernanda y Calixto no salían de la sala de juntas.
Hola, Jorge Mario, no había podido saludarte; con tanto movimiento, se paró y me saludó de beso en la mejilla. En ese momento salieron conversando los tres de la sala de juntas y, una vez llegaron a la sala de espera, mi padre presentó a Jorge Mario y Calixto. «Te presento a esta dama; tiene un currículo que cualquier hombre constructor quisiera tener. Te felicito, mujer, harás un buen equipo con la Dra. Alejandra; es una mujer integral y eficiente como tú». Fue un gusto conocerte. Gracias, le dijo Calixto. Mi padre se me acercó y me entregó 4 sobres; uno es para ti y los otros para tu equipo. Te esperamos a las 6:00 pm para salir a cenar con tus hermanos y tu madre. Allí estaré; me dio un beso en la mejilla y salió. Jorge Mario se despidió de beso en la mejilla también y salió. Antes me miró y me dijo: «Te ves diferente y más hermosa que antes. El clima caliente te sienta bien. Y» salió junto a mi padre y su escolta.

Él era tu prometido, lo dejaste con el anillo en la mano, lo vi en el noticiero. ¿Sabes que te gustan las mujeres? No, nunca, se lo dije. Definitivamente, eres una mujer muy compleja; ¿ qué más secretos guardas…? Su tono de voz y su cara no sonaban tan corteses como de costumbre.
Ese día almorcé con Calixto. Me sentí en la obligación moral de contarle mi historia con mi prima Laura, mi distanciamiento con mi padre al no casarme con Jorge Mario. Le hablé acerca del casi obsesivo respeto y necesidad de aprobación por parte de mi padre, la relación distante con mi madre y lo más duro de contarle fue la homofobia de mi padre a causa de un tío al que, siendo muy joven, sorprendió en la cama con un chico cuando eran muy jóvenes. A este tío mío lo envió mi abuelo a estudiar a Europa y, a raíz del rechazo de la familia, no volvió; es decir, ni siquiera se saludan, es como si hubiera muerto. Todas estas historias se las conté sentadas en un sitio llamado la Loma de la Cruz. Cuando terminé de contar las oscuras historias de mi familia y cosas no tan agradables de mi vida, su reacción, como siempre, me sorprendió. Me abrazó fuertemente: «No tienes que mentir ni guardarte nada conmigo. Unos sufrimos en casas de cartón; otros sufren en sus palacios».
¿Yo tendré que esconderme como tu prima y las amantes que has tenido? ¿Te regresarás a vivir a la sombra de tu papá? ¿Realmente me amas? Pude dar respuesta a la última pregunta que me hizo; para las otras dos no tuve respuesta.

Los sobres que me entregó mi padre constaban de 3 pasajes con todos los gastos pagos a San Andrés por 4 días y el mío era un viaje a Puerto Rico por 7 días. Los 3 mosqueteros estaban felices y yo también.

Creo que, producto de tanta alegría por el éxito que había tenido con el proyecto y en especial por haber descubierto que realmente los colaboradores con los que contaban me aprecian y brindaban una gran amistad en contra de todos los pronósticos, un día, sentadas comiendo helado, decidí contarle a Lorena muchas cosas de mi vida personal. Ella se había convertido en esos meses, alejada de mi familia, en una amiga y casi confidente. La hice partícipe de lo que acontecía con Calixto; fue toda una sorpresa para ella, especialmente mi confesión de que me gustaban las chicas desde mi adolescencia. No sabía hasta ese momento lo realmente sanador que es tener una confidente; me abrazó. Ambas lloramos y le conmovió que tuviera guardados como pecados tantos secretos en el alma.
El fin de semana siguiente viajé con Calixto a Puerto Rico por una semana, y por primera vez en mi vida caminé cogida de la mano con una mujer sin sentir nada más que felicidad. Fueron los siete días más hermosos de mi vida. Desde San Juan le envió una foto a Laura, cogida de la mano, caminando con Calixto por la playa. En la noche me llamó uno para decirme: renuncia y no sigas trabajando con tu papá, aléjate de tu familia y, aunque me duela el alma, lucha por ser feliz.

Cuando regresamos a Colombia, estábamos a solo un mes de terminar mi trabajo en Santiago de Cali. En cuanto a mi vida personal, me sentía feliz, viva, renovada y, por primera vez, sabía y sentía que estaba realmente enamorada, pero seguía siendo Alejandra Monsalve y eso pesaba. Calixto estaba decidida a seguir adelante con nuestra relación, pero me dejó dos cosas claras ese día: no viviría una doble vida por estar conmigo y no permitiría que mi padre se metiera en la relación. Según sus propias palabras, lo demás lo podría soportar.

Caída Libre, Sin Paracaídas

Daba vueltas, pero llegaba siempre al mismo punto. Por primera vez era yo quien iba a la conquista; era la única vez que sentía mi corazón latiendo al ritmo de un tambor que retumbaba en mi cuerpo y en mi mente. No me sentía capaz de irme y alejarme de Calixto, pero no era capaz de tomar la decisión de renunciar y tirar lo que me alejaba de la felicidad a la basura.  Laura me escuchaba; con ella desnudaba mi alma, me aconsejaba y me pedía no esperar a que la vida decidiera por mí. Se me había vuelto costumbre despertarme en la madrugada y romper en llanto sin poderlo evitar. Acostumbraba a salir a escondidas del cuarto para que Calixto no me viera llorando; me sentía feliz y enamorada, pero sufría al saber que si no hacía nada, lo más probable era que volviera a perder un gran amor por cobardía y realmente las estadísticas no me favorecían.

Ya mi padre suponía que algo me pasaba porque hacía casi un mes la nueva sede funcionaba sin requerirme, pero yo no regresaba a Medellín. Una mañana me llamó y, sin preámbulos, me preguntó qué me sucedía y por qué aún no viajaba para tomar mi cargo nuevamente. Ese día, casi por inercia, le dije que no quería volver a trabajar en Medellín y que estaba pensando en radicarme en otro país. El enojo de mi padre no se hizo esperar, pero, a diferencia de muchas otras veces, antes de dejarlo con la palabra en la boca le dije: «Que cuando estuviera completamente decidida le confirmaría; por el momento no viajaré, me quedaré en Cali hasta que tome una decisión y le colgué.

Calixto estaba cumpliendo 34 años. Nos fuimos el fin de semana al Lago Calima, uno de los embalses más grandes de América. Allí disfrutamos de tres días de amor, tranquilidad y pasión. Llegamos el lunes festivo nuevamente a Cali, así que Calixto se quedó conmigo como lo hacía la mayor parte de la semana. El martes desayunamos y yo, aunque no es común en mí, insistí en quedarnos en cama e ir a trabajar después del mediodía. A regañadientes, Calixto aceptó. Había puesto mi celular en modo avión, así que lo volví a activar. Ese martes, tenía llamadas de mi padre el domingo y el lunes festivo de Jorge Mario, pero no devolví las llamadas. Me sentía feliz y tranquila al lado de la mujer que amaba. Mientras conversábamos, entró una llamada de Joaquín y otra de Lorena, pero Calixto no me dejó contestar. Ya les había dicho que llegaría a la oficina después de mediodía y que ya habíamos regresado. Ese día en especial queríamos seguir estando juntas, a las 10:00 a. m. disfrutaba teniendo un maravilloso orgasmo sentada sobre el vientre de mi chocolatico como cariñosamente le decía a Calixto, pero sin esperarlo la puerta de la alcoba se abrió, del susto como pude me cubri con las sabanas, cuando pude mirar hacia la puerta era mi padre quien miraba a Calixto con ojos de asesino lo acompañaba como siempre su escolta, me petrifique, no podía hablar, me temblaba la vos, tome mi ropa y torpemente me vestí, por su parte Calixto se paró de la cama tomo sus pantalones y como pudo los subió, mi padre de un grito ordeno a Manuel su escolta que se retirara mi padre se acercó a Calixto y la abofeteó, acto seguido enfurecido la tomo del pelo y la lanzo contra la pared, a pesar del terror que sentía me interpuse para que no la siguiera golpeando, pero nos empujó a las dos haciéndonos caer, la puerta se abrió y de un empujón Jorge Mario detuvo a mi padre quien actuaba como loco, me levante y mirándolo fijamente a los ojos  le dije «soy lesbiana, soy gay como el tío Mario, este es tu Karma» esa mujer te lavo la cabeza alejate de mi hija e intento agredirla nuevamente, pero Jorge Mario lo impidió, Calixto me pidió que me marchase con ella, pero no lo hice, le dije que se fuera, semidesnuda salió del apartamento.

Mi padre no dejaba de insultarla y de culparla de mi enfermedad. Lo siento, Andrés, ella no me enredó ni me lavó el cerebro. Soy lesbiana desde que tenía 17 años. La primera vez que me acosté con una mujer fue en tu casa y, para que te duela más, el primer amor de mi vida fue Laura, tu sobrina, y por no tener los calzones que ella sí tiene, no me fui para Europa a su lado. No más mentiras, no más apariencias; «A partir de hoy ya no eres mi hija, estás muerta para mí» fueron las últimas palabras que le escuché a mi padre gritar cuando salí y, de un portazo, cerré la puerta.

Guardó en mi bolso el anillo de compromiso que compré para proponerle matrimonio a Calixto en el lago Calima, pero nunca se lo entregué.  No sé si lo pueda hacer, pues no me contesta desde que pudo escapar con el labio roto, descalza y casi sin ropa de las garras de Andrés.

Mañana saldré por fin a hablar con el dueño de la segunda inmobiliaria más grande del país y directa competencia de don Andrés, a quien quedé de llamar cuando estuviera segura de no trabajar más con mi padre y aceptar ser su nueva agente inmobiliaria. No sé, si me recibe, hace 15 días me llamó, pero no le contesté.
Pondré en venta mi convertible, rentaré un apto, llamaré a Jorge Mario para darle las gracias por ayudarme, aunque no sé si quiera hablarme. Andrés lo despidió por haberme defendido y por haberlo empujado; además le debo muchas explicaciones que no sé siquiera escuchar…
hoy que estoy completamente clara en lo que debo hacer, con quién y por qué. No sé. Si lo puedo hacer, tengo acumulación de karmas y las probabilidades en contra.

¿Alguna vez te ha tocado elegir entre tu familia y tu pareja, quien gana y quien pierde en este casos?

Nuestras historias se entrelazan cada vez más; así que, te invito a responder la pregunta de esta ocasión o si deseas contarme tu historia, no olvides pasar por la sección Cuéntame.
Yinet Mesías – 2024

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